¿DOGE o SHIB? Por qué estas cripto pueden ser un peligro para los nuevos inversores

Autor: Gonzalo Mora.

Así como no todo lo que brilla es oro, no todo aumento en el valor de una criptomoneda es indicio de algo bueno. Sin duda alguna, la monumental subida en el precio de Dogecoin en las últimas semanas es un caso de este estilo. A continuación se verán cuáles son las características más destacadas de este tipo de criptomonedas, y cuáles pueden ser las implicancias tanto para quienes invierten en ellas, como para el ecosistema cripto en su conjunto. 

Un poco de contexto

Dogecoin es una criptomoneda cuyos comienzos se remontan a 2013 y sin otro fin más que el de ser un chiste interno entre los primeros entusiastas del naciente ecosistema. En ese entonces, se estaban generando muchos clones de Bitcoin, tratando seria y genuinamente de lograr diferenciarse, aportando supuestos elementos innovadores. Dogecoin nace entonces como una parodia a todas estas copias que por más que trataran, al final del día, no dejaban de ser muy similares entre sí. 

Adelantando el tiempo nuevamente al 2021, durante estos últimos meses de fuerte alza del mercado cripto en su conjunto, Dogecoin captó muchísima atención del público gracias a constantes Tweets de Elon Musk, quien parece haberle tomado un cariño particular a esta criptomoneda. Y con esta atención vino su imparable alza. Al momento de escribir este artículo, la misma se encuentra en el puesto número 5 en el ranking de criptomonedas por capitalización de mercado, valuada en 64 mil millones de dólares. 

Veamos ahora alguna de sus características, lo que nos permitirá entender mejor porqué su valuación es insostenible. No se trata de pensar si estamos o no en presencia de una “burbuja”, sino más bien de entender por qué su caída probablemente sea una cuestión de tiempo. 

No todo es color de rosa

Al haber sido creada como un meme, sus características fueron conscientemente creadas para carecer de sentido. En un primer momento, por ejemplo, el ritmo de emisión de esta moneda era aleatorio, pudiendo estar entre 1 y 1 millón de DOGE por cada bloque. De todas formas, desde 2014 los DOGE se emitieron a un ritmo de solo 10.000 DOGE por bloque cada 1 minuto, dando un crecimiento anual de 5.2 mil millones de DOGE por año. 

Sumado a las existentes 129 mil millones de monedas en circulación, tenemos una inflación anual que aunque tienda a cero en el largo plazo, hoy ronda el 4%… sin ningún tipo de límite de emisión. 

Como su único “uso real” podría ser el hecho de que se puede utilizar como medio de intercambio -sin ir más lejos Elon Musk pretende financiar una misión de su empresa SpaceX a través de este medio- se podría pensar que no se trata solo de un chiste, pero la realidad es que este pensamiento no puede ser más erróneo. 

Al poseer características bastante estándar en lo que respecta a su funcionamiento, prácticamente cualquier otra criptomoneda puede cumplir mejor esta función, lo que nos trae a su verdadera función: ser un activo altamente especulativo en donde solo se busca obtener ganancias mediante su compra-venta. 

Por si esto fuera poco, la distribución de DOGE está fuertemente centralizada, el 1,03% de las billeteras posee el 93,89% del porcentaje total de monedas. Y aún dejado eso de lado, lo cierto es que tampoco hay ningún equipo de desarrolladores detrás. Su última actualización data de 2019, no hay absolutamente nadie que realmente mantenga el protocolo actualizado y mejorado. 

Al tratarse de un meme, la atención que genera en el público inexperto es apabullante, y si a eso le sumamos la constante visibilidad que una figura pública como Elon Musk promueve, junto con un mercado en alza como viene siendo este 2021, estamos en presencia de una poderosa combinación altamente riesgosa, en donde solo unos pocos van a lograr ganancias descomunales, mientras que el resto va a quedarse con las manos vacías. 

La demanda creciente y sus consecuencias

Debido a todo el revuelo que generó Dogecoin, en estas semanas fueron creadas todo tipo de copias, siendo Shiba Inu (SHIB) una de las más destacadas, logrando hacerse un lugar en varios exchanges importantes. Como dato curioso de este token ERC-20, sus creadores anónimos decidieron otorgarle el 50% de las mismas a la wallet de Vitalik Buterin, el fundador y referente más importante de Ethereum. 

Tan grande es el hype generado en torno a ella, que los nuevos inversores están saturando la red de Ethereum, disparando el precio del gas por las nubes. Muchos de ellos incluso están gastando más en las comisiones de la red que en los propios tokens.

La demanda que hay por este tipo de criptomonedas es enorme. No faltan historias de personas que de la noche a la mañana se volvieron millonarias por invertir un poco de dinero de esta forma. Pero la realidad es que el dinero fácil no existe. 

Lamentablemente todas estas variantes de criptomonedas meme no son otra cosa que activos sin ningún tipo de valor más que el de lograr venderselo a alguien a un precio más caro antes de que nadie más lo quiera comprar. 

En definitiva, lo único que se logra con esto es alimentar las voces que afirman una y otra vez que las cripto son todas una estafa y deben por eso ser reguladas de forma tajante por los estados en pos de la seguridad del consumidor. Por otro lado, también es probable que la mayoría de quienes quisieron dar sus primeros pasos en el ecosistema mediante estas criptomonedas, luego de sus pérdidas, no quieran volver a relacionarse con el mismo y apoyen a los críticos de este sistema.

Es por todo esto que es importante recalcar que no todo es lo mismo, y que aún dentro del ecosistema cripto existen proyectos realmente serios y otros que no lo son. Si bien cada uno es responsable de informarse antes de invertir su dinero, también es necesario a veces marcar una posición frente a elementos que terminan siendo perjudiciales para el ecosistema en su conjunto.